Un destino turístico se mide mal con las herramientas habituales. No porque las cifras estén equivocadas, sino porque describen a los residentes y buena parte de la conversación pública sobre el estado describe a otra cosa: la imagen del destino. Antes de llevar números a una asamblea en Cancún, Playa del Carmen o Tulum conviene saber qué mide cada fuente y qué población tiene enfrente.
Las cuatro cifras, y lo que mide cada una
La ENVIPE 2025 del INEGI, con datos de victimización referidos a 2024 y levantamiento de percepción entre marzo y abril de 2025, deja para Quintana Roo estas cuatro:
30.7% de los hogares tuvo al menos una víctima de delito durante 2024. En números absolutos: 193,155 hogares víctima de un total estimado de 629,164 hogares en la entidad. Casi uno de cada tres.
37.4% de la población de 18 años y más considera inseguro vivir en su entorno más cercano, colonia o localidad.
92.9% es la cifra oculta: la proporción de delitos en los que no hubo denuncia o no se inició carpeta de investigación. Se denunció 10.3% de los delitos y de esos se abrió carpeta en 69.3% de los casos, de modo que del total de delitos solo 7.1% llegó a una carpeta.
38.2% del gasto de los hogares a consecuencia del delito corresponde a medidas preventivas. El costo total de la inseguridad y el delito en hogares quintanarroenses se estimó en 4.9 mil millones de pesos, con un promedio de 6,326 pesos por persona afectada.
Colonia, ciudad, entidad: tres cifras que no se contradicen
Aquí está el dato que cambia la lectura, y hay que ponerlo completo porque es fácil de manipular en cualquiera de las dos direcciones.
La misma ENVIPE que reporta 37.4% de percepción de inseguridad en la colonia reporta 80.3% cuando la pregunta se refiere a la entidad federativa. Y la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, con levantamiento de junio de 2026, reporta que 70.1% de la población adulta de Cancún considera inseguro vivir en su ciudad —una baja estadísticamente significativa frente al 78.8% de junio de 2025—, mientras Chetumal pasó de 73.6% a 62.1%. El promedio de las 91 áreas urbanas medidas fue 59.8%.
Tres escalas concéntricas: colonia 37.4%, ciudad 70.1%, entidad 80.3%. No se contradicen. Miden cosas distintas, y la distancia entre ellas es informativa por sí misma: la percepción de inseguridad crece conforme la pregunta se aleja de la puerta de la casa. Quien vive en un fraccionamiento de Cancún puede sentirse razonablemente seguro en su calle y al mismo tiempo tener una imagen severa de “el estado”, construida con noticias que ocurren a treinta kilómetros y con la cobertura nacional que un destino turístico recibe siempre.
Para un comité esto es útil en los dos sentidos. Sirve para no dramatizar: la cifra que describe tu entorno inmediato es la más baja de las tres. Y sirve para no minimizar: casi uno de cada tres hogares del estado tuvo una víctima el año pasado.
Por qué la población flotante obliga a leer con cuidado
Un matiz que en otras entidades no hace falta hacer, y aquí sí.
La ENVIPE entrevista a residentes de viviendas seleccionadas y mide victimización de hogares. No mide lo que le pasa a un turista ni a un huésped de renta corta, que no forma parte de ningún hogar quintanarroense. Tampoco mide la victimización que ocurre dentro de una unidad de condominio ocupada esa semana por alguien que llegó de fuera.
Eso significa que el 30.7% describe correctamente al Quintana Roo residente y deja fuera una porción del riesgo que un condominio de renta corta sí administra. No es un defecto de la encuesta: es su alcance declarado. Pero implica que un comité con 40% de unidades en renta de corto plazo no puede tomar el 30.7% como su exposición total, y tampoco puede inflarlo sin evidencia. Lo honesto es tratarlo como el piso conocido y complementarlo con la bitácora propia, que es la única fuente que registra lo que efectivamente pasa dentro del inmueble.
Del otro lado, la percepción estatal del 80.3% tiene una porción que no proviene de la experiencia del residente sino de la imagen pública del destino. Usarla como argumento de venta de un servicio de vigilancia es, sencillamente, usar mal el dato.
El 92.9% y lo que le hace a tu bitácora
Casi 93 de cada 100 delitos cometidos en el estado no llegaron a una carpeta de investigación. Es el número que invalida el método más común de discutir seguridad en asamblea: presentar estadística de denuncias como si fuera estadística de delitos.
Con 7.1% de los delitos llegando a carpeta, cualquier decisión tomada solo con datos de denuncia está trabajando sobre menos de una décima parte del fenómeno.
Las razones que dan las propias víctimas para no denunciar están en la misma encuesta: pérdida de tiempo, 37%, y desconfianza en la autoridad, 17.4%, ambas atribuibles a la autoridad. No es una encuesta de opinión sobre la policía: es la explicación de por qué el registro oficial no representa lo ocurrido.
La consecuencia operativa es que la bitácora del condominio deja de ser un trámite administrativo y se convierte en la fuente primaria del inmueble. Si el 92.9% no queda registrado en ningún lado, el único registro confiable de lo que pasa en tu propiedad es el que tú levantas: incidentes, hora, ubicación, respuesta, seguimiento. Sin eso, la siguiente asamblea vuelve a discutir con anécdotas.
38.2%: lo que los hogares ya están gastando por su cuenta
De los 4.9 mil millones de pesos que la inseguridad y el delito costaron a los hogares quintanarroenses en 2024, 38.2% corresponde a medidas preventivas: instalar alarmas, contratar vigilancia privada en la calle o colonia, contratar seguros, cambiar cerraduras o puertas, entre otras.
Ese porcentaje suele leerse como una justificación del gasto en seguridad. Es más útil leerlo como una descripción del gasto disperso: hogares comprando protección de manera individual, sin coordinación, con cobertura desigual entre unidades del mismo desarrollo.
Un condominio que dimensiona bien un esquema compartido no está compitiendo contra “no gastar nada”. Está compitiendo contra ese 38.2% que ya se está gastando por separado, y normalmente gana en cobertura por peso invertido, porque un puesto de acceso protege a todas las unidades a la vez y una cerradura reforzada protege a una.
El alcohol en la calle, primer lugar del entorno
Un dato del mismo levantamiento que en un destino turístico merece atención específica: 59.5% de la población adulta identifica el consumo de alcohol en la calle como la primera conducta delictiva o antisocial en los alrededores de su vivienda. En séptimo lugar aparecen las extorsiones o cobro de piso, con 24%.
Y dos cifras sobre espacios: la población quintanarroense se siente más insegura en el cajero automático de la vía pública (74%) y menos insegura en su casa (15.8%).
Ese contraste describe con precisión dónde puede mover la aguja un condominio y dónde no. La casa ya es el espacio percibido como más seguro; el trabajo del esquema de vigilancia no es cambiar esa percepción, es sostenerla en las zonas de transición —acceso, estacionamiento, áreas comunes nocturnas, amenidades— que es donde la percepción se degrada primero.
Qué fuente sirve para qué, y cada cuándo se actualiza
Cuatro fuentes públicas, cuatro ritmos:
La ENVIPE es anual, se publica hacia septiembre y sus datos de victimización se refieren al año anterior. Es la única que mide la cifra oculta y el costo del delito por hogar. Es tu referencia de fondo.
La ENSU es trimestral y mide percepción por ciudad. Para Quintana Roo cubre Cancún y Chetumal, y por eso sirve para ver movimiento reciente, no para diagnosticar una colonia.
El padrón de empresas registradas de la Secretaría de Seguridad Ciudadana se publica con fecha de corte —el más reciente al momento de esta revisión, del 5 de agosto de 2026, con 216 empresas— y sirve para verificar proveedores, no para medir delito.
La bitácora del condominio no la publica nadie, se actualiza todos los días y es la única que describe tu inmueble.
Lo que ninguna de las cuatro mide: cuántas unidades de un condominio están en renta corta, cuántas personas distintas cruzan un acceso residencial por semana, y cuántos incidentes se resuelven en la caseta sin llegar a ningún registro. Ese es exactamente el hueco que un diagnóstico serio tiene que llenar con trabajo de campo, no con estadística prestada.
Cómo se lee esto sin exagerar
La tentación en un mercado como este es tomar el 80.3% de percepción estatal y presentarlo como el clima de tu condominio. No lo es. La cifra que describe el entorno inmediato es 37.4%, y la que describe la experiencia real de los hogares es 30.7%.
La tentación contraria es tomar el 37.4% y concluir que no pasa nada. Tampoco: casi uno de cada tres hogares del estado fue víctima el año pasado, y el 92.9% de lo que ocurrió no quedó registrado en ninguna carpeta.
Entre esas dos lecturas cabe una tercera, que es la que sostiene una decisión: el dato oficial define el orden de magnitud y el sesgo de cada fuente; la bitácora propia define el problema concreto; y el diseño del esquema —acceso, rondín, iluminación, registro de ocupantes temporales— se justifica con la segunda, usando la primera solo para calibrar. Cómo se traduce eso a presupuesto en un mercado con estacionalidad está en la guía de costos para condominios quintanarroenses; qué órgano aprueba cada acuerdo, en la guía de la ley de condominios local. El marco de la entidad, en la guía de Quintana Roo, y nuestro método en análisis de riesgos.
Fuentes: ENVIPE 2025, INEGI, principales resultados para Quintana Roo, datos de victimización referidos a 2024 y levantamiento de percepción del 5 de marzo al 30 de abril de 2025; ENSU, INEGI, resultados de junio de 2026 publicados el 24 de julio de 2026; padrón de empresas registradas de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Quintana Roo, corte al 5 de agosto de 2026.